domingo, 30 de agosto de 2015

La casa de los borrachos.

Me han invitado a beber,
en un hogar con mucha pena.
Las paredes están manchadas
y las ventanas un poco flojas.
En la sala, está un espejo,
pero no refleja nada mas que sombras.

Para entrar allí, debo llevar una botella vacía
e irme con ella llena.
¿Pero de qué puedo rellenar este empañado vidrio?
Una mujer, grita y llora
en la parte trasera de la casa.
Sus lagrimas son secas como la paja,
pero su corazón es de cristal
y no puede contener ese mar de lagrimas.
Decide convertir sus ojos en noche
para llorar todo lo que su corazón le plazca.
No hay por qué tomar de ese llanto,
entonces, un niño ríe encima de un florero,
ríe y ríe, hasta que su carcajada se hace el eco del lugar.
El niño espera florecer a media noche,
pero no hay por qué tomar de esa esperanza tan ridícula.
Es así, como un hombre golpea a otro, hasta hacerlo sangrar,
él sangra un vino añejo,
decide llenar su botella con ello, para poder irse.
Un muchacho, decide consolar a la mujer de llanto espeluznante
y da de sus brazos como almohada,
de su pecho como campo de flores
de su lujuria como una sonrisa.
No beberé de esa amabilidad.

Se derrumba la noche
y no consigo con que llenar mi botella,
mas que con un agotador esfuerzo de ser honesto,
pero la honestidad es veneno para el alma,
nadie tiene un sorbo de mentira para engañar mis sentidos
y así, conseguir cualquier vulgaridad que me rodeé.
Veo en el fondo de la botella un trozo de papel que dice;
"lléname con el disgusto que siente el hombre cuando me tiene cerca"

Hoy, todavía me encuentro dentro de esa miserable casa
tomando de tragos largos
esa deplorable bebida,
amarga como ella sola
y espesa como la nieve,
¿Quién me ayudaría a acabar esta botella de amor?
La he llenado y no creo acabarlo con mi vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario