lunes, 10 de agosto de 2015

Dios, adiós.

Olvidamos rezar,

al Dios de los campos,

al Dios de las aguas,

al Dios del trabajo,

al Dios de nuestra humanidad

y ahora,

de rodillas ensangrentadas

y manos flacuchas

abrazadas entre sí,

rogamos al Dios del hambre

que no pase más por nuestras casas.

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