Era una noche horrorosa, las nubes eran tan negra como la misma noche, no había rastro alguno de la luna o una de sus estrellas. La oscuridad opacaba las luces de los autos que iban de aquí para allá. La ciudad se encontraba en punto perfecto de una catástrofe y aún así, me faltaban calles por recorrer, mi camino a casa era largo, así que decidí refugiarme en un prostíbulo para esperar que la lluvia cayera; y luego esperar que cesara la lluvia para retornar mi regreso. Al entrar, observé que era un sitio en decadencia, un anciano era quien atendía en la barra, de piel sumamente arrugada, calvo y con ojos crueles pero a su vez, hermosos llenos de un verde pasto. Solo habían dos prostitutas merodeando el lugar con las ratas, ambas eran de aspecto contradictorio; una era obesa y de piel morena, mientras la otra era de piel pálida y sumamente delgada. Creo que ambas tenían adiciones diferentes. Al sentarme en lo que parecía una silla, pedí un vaso de vodka servido hasta la mitad, no pensaba tomar mucho. Comenzó a llover y esto, alboroto la lujuria en las dos golfas, ambas se acercaron a mí, ofreciéndome de sus servicios, las rechacé con el silencio que atraía la lluvia. Al darme dos tragos de aquel licor, entró en medio del chaparrón una mujer, con cabellera castaña y piel suavemente rosa. Esta eventualidad llamó mucho mi atención, ya que yo era lo más atractivo que se encontraba en este sitio. La chica saludo al viejo decrepito y las otras dos mujeres, tiro su abrigo en una esquina del lugar y entró a una habitación. Sin duda alguna esa angelical fémina, no era más que otra trabajadora del lugar. Termine mi vaso de vodka, pague y deje propina para al anciano, retome mi camino a casa con una tonta llovizna, pero no podía sacarme de la cabeza la figura de aquella chica - ¿qué hacía tan majestuosa ninfa encerrada en esas paredes tan demacradas? Era como adornar la mierda con un gramo de oro. Sentía que debía conocerla y saber el "por qué" se encontraba trabajando allí.

Al día siguiente, la noche estaba tranquila, los autos transcurrían con lentitud y nada estaba a punto de caer en ruinas, de igual forma, debía entrar a ese asqueroso sitio. Al llegar, pregunté por ella, pero al parecer tiene la costumbre de llegar tarde, así que pedí un vaso de vodka, esta vez lleno. Tomé y tomé, esperando una divina llegada, pero, no atinaba en cada trago que lanzaba hacía mi boca. Con siete vasos de vodka dentro de mí, comenzaba a ver a la prostituta obesa, algo apetitosa, pero cuando iba a pedir de sus servicios, llegó. Entrada triunfante, otorgándole un exquisito perfume al lugar. Sin esperar que tirara su abrigo, le dije al calvo que
esa chica era mía y cuánto era el precio de sus servicios, lo cual éste me contesto con una sonrisa hueca y con un escupitajo en la barra para limpiarla. Al acercarme a la chica, vi su rostro, y fue como si hubiese visto a mi hija siendo entregada a las puertas de la escuela, el primer día de clases. Tanta inocencia y ternura encerrados en dos pómulos pecosos, labios finos y brillosos y unos ojos encantadoramente oscuros. Pregunté su edad, ya que no quería tener problemas por pedofilia y ella contestó con una serena voz,
«veintitrés años». - No hubo problema alguno, subimos a lo que era su habitación, se despojo de su abrigo y de sus botas, yo, tan solo saque un cigarrillo y me senté al borde de la ventana. Ella se echó sobre la cama quitándose la ropa lentamente, le miré de reojo y pude ver sus pezones, perfectamente vírgenes. Le dije que no era necesario que se quitara la ropa, ya que yo no tenía apetito de sexo. Comencé a preguntarle -
«¿por qué se encontraba trabajando en este tiradero tan asqueroso?» - ella con majestuosidad me respondió que, -
«el lugar era así, para reflejar el interior de los clientes.» -
Esto cayó como una flecha en mi cabeza, tenía algo de cierto esas cortas palabras. Volví a preguntarle; -
«¿Por qué una mujer tan hermosa, trabajaba de prostituta, teniendo la oportunidad de ser modelo?» - volvió a esquivar mi pregunta, respondiendo que,
«necesitaba dinero para mantener a su abuelita con vida, lo debía obtener de la forma más rápida y que además, no tenía la estatura "perfecta" para ser una modelo.» No sabía si era muy astuta para escapar de mi duda o no tenía la habilidad suficiente para redactar, o formular bien la pregunta que satisficiera mi necesidad. Me senté a su lado, en una esquina de la cama y cuando pensaba realizar otra pregunta, pude sentir su vaho acariciarme el cuello, me quedé congelado con la boca abierta, ella se acerco lentamente a mis ojos. No pude resistir más, dentro de mí tenía un león sufriendo de ebriedad y con hambre. Me lancé hacia ella, besándole sus infantiles labios y sujetándole por los brazos, luego de apasionar mi cuerpo con ese beso, nos desvestimos, ambos sin parpadear. Ya desnudos, atrapados en una cama y un ambiente cálido, le sujete para darle vuelta, volviéndola sumisa ante mí, su posición de bestia me parecía tan hermosa, que inclusive le bese el cuello y lentamente introduje mi pene. Envueltos en nuestras pieles y nuestros gritos, mi unico trabajo era solo empujar,el de ella, voltear de su rostro para ver el mío y así, observar los gestos de un sádico. Segundos después, me eché sobre la cama, ella mojo de su mano con saliva y tomo de mi pene como el mango de una espada, comenzó a sacudirlo para luego agitarlo, no tenía más opción que gemir si estuviese herido. Cansados sus brazos, se sentó arriba de mi abdomen y mordió sus labios frente mis ojos, todo eso para clavarse mi pene otra vez. Me tomo de las manos y comenzó a moverse. Eran movimientos circulares, de una manera geometrica perfectamente sincronizados con los latidos de mi corazón. Sentía el cielo en mi entrepierna y sentía a Dios tomándome de las manos para llevarme a su reino. Todo esto me arrastraría a un éxtasis de placer infinito, cuando de repente, escuché que comenzaba a decir oraciones involucrándome como si fuese su padre, tales palabras me derrumbaron de inmediato, le tomé por la cintura y le lancé al otro lado de la cama. Sorprendido le miré a la cara, ella se echó a reír una de forma escandalosa y cruel, luego me dice: -
«¿no era ésta tu duda? ¿por qué la prostitución para obtener dinero? La respuesta a todas tus dudas sobre mí, es mi padre, él es quien me dio este trabajo y quien me convenció de que cabía perfectamente en esté lugar.» - después de responderme, se volvió echar a reír. Atrapado en un morboso miedo, me vestí con rapidez y descuido, salí lo más rápido que pude de esa habitación y le di unos cuantos billetes al viejo cantinero. Al estar en la acera, detuve un taxi y le pedí que me llevará a casa con urgencia.
Ahora, todos los días paso por ese retorcido lugar, espero a que un auto deportivo negro llegue y se detenga en frente, observo como un viejo con bigotes introduce su lengua sobre ella y luego como le besa la frente en gesto de bendición a su hija. Veo como se le da el beso paternal más grotesco, que se puede observar, todo esto, con un odio vil a su padre y un cigarrillo entre los labios.