Era hora de dormir, mi cuerpo pedía insaciablemente
estar recostado sobre algo. Tendí la colchoneta y apagué las luces de la casa,
me arropé de forma errónea dejando los pies al gélido viento que pasea por la
casa de vez en cuando, apagué mi teléfono celular y encendí un cigarrillo como
parte de un ritual para poder encontrar el sueño, busqué esas preguntas que
cada ser humano se hace antes de morir. -
« ¿Qué será de mi vida?, ¿qué
haré con éste perezoso cuerpo?, ¿dónde se encontrará la persona ideal
para mí?»- Con el transcurso de las
preguntas fui consumiendo el cigarrillo y también, consiguiendo un poco sueño. Pasado unos minutos, los cuales los sentí como
horas, escucho un murmullo arrastrarse cerca de mí, abro los ojos y trato de
ver algo, pero no hay más que una inmensa oscuridad en frente, volví a cerrar
los ojos pero esta vez colocándome bocabajo apretando mi rostro contra la
almohada. Más tarde, se vuelve a escuchar el mismo murmullo, y con algo de
preocupación intento ver más allá de la
inmensa oscuridad, pero fue inútil. Hice que no pasaba nada y volví a cerrar
los ojos, pero colocando la almohada sobre mi cabeza para así tratar de no
escuchar ese murmullo, lo cual fue inútil, éste se volvió a manifestar y ya me estaba volviendo loco. Me levanté del
colchón algo ebrio de somnolencia, me asomé por la ventana que conecta
directamente con el patio de la casa y otra vez, esa inmensa oscuridad, al
parecer era la noche más negra del calendario, ni una estrella, ni una luna con
radiante luz melancólica se encontraba en el cielo, tan sólo el halo de un
farol que se encontraba a calles de mi hogar. Intenté buscar el sueño pero fue
imposible, permanecía con la duda de qué era ese travieso murmullo que se
encargaba de despertarme en una noche tan calmada. Me recosté viendo el techo,
cubrí todo mi cuerpo con la cobija excepto mis brazos y el pecho. Esperaba
ansiosamente otra vez por la visita de ese maldito murmullo, mientras tanto, me
preguntaba que causaba ese ruido - « ¿Qué
coño es ese sonido que me está volviendo loco?, ¿acaso vivo en un país donde
también hay que temerle al sosiego?». - Aparece otra vez; un balbuceo efímero. Me
levanto con ánimos de descubrir qué demonios era lo que me acechaba, tomé mi
encendedor y fui al patio de la casa. Presione mi yesquero y con una baja llama
podía visualizar algunos objetos, la mano me temblaba desconsoladamente, mi respiración se agitaba
y sin darme cuenta, mi pies no se movían a causa del miedo. Me concentré, me
dije a que no era algo a lo que temer,
debía ser m un juego de mi mente cansada. Y así fue, todo estaba en su lugar,
no había nadie alrededor, exhale con un gusto tranquilizante, me di media
vuelta para volver a la cama. Ya en
ella, me reía torpemente de mí mismo - ¿cómo podía tener tanto miedo a la oscuridad?
Ella no es más que ausencia de luz, no la cuna de fantasmas o demonios- Intenté
reconciliarme con el sueño, así que tomé mi almohada, la amoldé a mi gusto,
tomé la cobija y la estiré para adentrarme en ella. Ya completamente cómodo con
los ojos a medio cerrar siento como un gélido aire atraviesa la ventana y
rasguña cruelmente el vidrío, me eriza la piel y el murmullo vuelve otra vez,
abro mis ojos de forma inquieta y veo a
mi alrededor, nada, cuando de repente éste murmullo se manifiesta con voz
áspera posándose sobre mi oído y dice: - « ¡No temas a la oscuridad, sino a lo
que ella esconde!».
Fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario