Déjenme ir
a donde las almas sin esperanzas
descansan,
a donde la aguja y el hilo
cosen la misma herida.
¿Qué hace un hombre descarrilado
buscando
el carril correcto?
La vida no puede ser una porquería,
pero la mía
es un denigrante cerdo.
Alguien que me fusile,
me lleve en paz.
Déjenme separar mi magullada fe
del pecho.
Los ojos y su vitalidad,
en un cementerio
y un grosero cantar de bestias
para alabar la abominación humana.
Déjenme ir, Dios (Si llegase a existir)
sabe cual es mi lugar.
Por décima vez,
he amado algo en mi vida
y nada podrá derrumbar
el inmenso muro que he construido en mi mente.
La misericordia de mi madre
y la bondad de mi abuela,
se ahogaran en un pozo de lagrimas.
Déjenme ir,
a donde el sol descansa de día,
los sueños florecen, en otras personas
y la oscuridad es eterna.
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