domingo, 17 de mayo de 2015

La flor y el poema.


Érase una hermosa mañana de mayo cuando la señora Carmen, salía muy alegre a hacer el cuidado de su jardín, tarareaba canciones melódicas en los pasillo de su casa, preparándose para ver a lo más querido que poseía, su jardín. Al abrir la puerta de la entrada y dar esos pasos veloces, notó algo distinto, algo horripilante para sus ojos. Todas sus rosas, sus girasoles, sus jazmines, aquellas delicadas flores que atendía como sus hijas, habían sido mutiladas, no se encontraba nada, más que un vago y lisiado jardín. La pobre señora entró en pánico, sus movimientos eran temblorosos, miedosos, al colocar el primer pie dentro de su madrigal muerto, quebranto en llanto, quebró su voz en un horripilante grito, sus lágrimas desbordaban con rapidez al suelo, espantando a los pájaros que comúnmente posaban para enamorarse de cierta belleza que mostraba el lugar, en unos de esos gemidos de la pobre Carmen, logro ver un papel enredado en unas de las plantas, secó sus miserables lágrimas y tomó un poco de aliento para ver aquel papel, no era más que una carta escrita en tinta, aquella decía; - “Hoy tomo algo de este hermoso lugar, para hacer feliz al pueblo y convertirlo en un soberbio poblado”. La señora, anonadada en el misterioso mensaje que mostraba el papel, decide salir y hacer denuncia en la policía.
Carmen, cierra la puerta de su casa y en una mugrienta bata sale hacia la casilla policial más cercana.

- ¡Oficial Ramírez,oficial! – Grita la pobre Carmen con poco aliento. – Quiero hacer una denuncia, alguien ha entrado  a mi jardín y se ha robado mis atractivas flores.

- ¿Qué? ¿Usted también? Ya es el 5to en esta mañana. – Contesta el oficial Ramírez. – Al parecer alguien les está jugando una broma, doña.

- Me dejó una carta en medio de esa masacre.

- Ya tenemos cuatro de esas “cartas” y como dije, alguien les juega una broma, no es de preocuparse, ni porque llamar masacre a eso tan tonto. – Dice Ramírez, con voz burlona.

- Usted no entiende, usted cree que es un juego sólo por no cumplir con su trabajo, usted es uno más de esos flojos – Dijo Carmen alterada por la tranquilidad del oficial.


Al transcurrir el día, un atractivo hombre, caminaba por las calles muy alegre repartiendo flores a quienes se les cruzaban en el camino, colocándolas en las casas deterioradas del pueblo. Una joven peliroja, a quien el hombre le había regalado un girasol, le pregunto:

- Oye ¿Por qué me das esta flor si yo no te la pedí?

- No importa, todos necesitamos flores, ellas nos hacen felices y más hermosos. – Contesto el hombre sin parar de sonreír.

Siguió su camino regalando flores hasta caer la tarde, decidió tomar un vaso de agua en un restaurant, al entrar pudo percibir la alegría de todos aquellos a quienes les había regalado una flor, pero pudo percatar que en una esquina del restaurant, en una mesa malcriada, se encontraba la señora Carmen, quien decidió ir a tomar una taza de té. El hombre se le acerca con un caminar muy danzante y le pregunta:

- ¿Por qué tan triste, mi doña? ¿Por qué tan amargo su mirar?

- Alguien ha matado a mis niñas, las aniquilo sin compasión. – Respondió Carmen con voz melancólica.

- Hoy es un hermoso día, aproveche su vida y envíe al olvido ese recuerdo, no olvide que la alegría no puede morir, ella es inmortal en nuestros corazones. – Dijo el hombre con su enorme sonrisa y regalándole la última flor que tenía. Carmen, vio la flor y enseguida cayo en llanto, salió del lugar lo más rápido que su 
cuerpo podía, el hombre sorprendido de esta reacción, colocó cara de asombrado.

Al caer la noche, Carmen, tendida en su cama mientras escuchaba el silencio de su habitación, pensaba en su querido jardín, en el estupefacto robo que le habían hecho, pero en eso, entró un recuerdo muy doloroso en su cabeza, fue el del restaurant, el joven que le regaló la flor y parafraseo sus palabras -  “No olvide que la alegría no puede morir…” En seguida Carmen notó, que este apuesto hombre que le había regalado una flor y dicho tan maravillosa frase sobre la alegría, podía ser el mismo ladrón que mutiló su jardín. La señora apretó su puño con tanto odio, luego lo lanzó sobre su cama para descargarlo, incrédula por lo acontecido, decidió poner sus arrugados dedos sobre el asunto, tomó un cuchillo de su cocina y salió al pequeño pueblo a ver si encontraba a este hombrecillo.

En efecto, al dar unas cuantas vueltas por el pueblo, logró ver al hombre regalando flores, esperó a que el hombre se ubicara en un lugar solitario. Con sigilo, en acecho, como animal preparado para cazar a su presa, se encontraba Carmen con el cuchillo en su espalda, el hombre se paró a lado de un postal, en una calle oscura, Carmen entro con su afilado instrumento y comenzó a apuñalar al hombre, sin piedad ni misericordia, la señora descarga toda su depresión en cada puñalada que le daba al hombre, al agotarse, se detiene y ve al hombre arrastrarse pidiendo auxilio, desangrándose y sin posibilidad de vida, el hombre saca una nota de su bolsillo y se la entrega a Carmen, ella enojada no hace más que verlo con una sonrisa vengativa pintada en su rostro. Cuando Carmen se agacha para decirle unas palabras al hombre, siente un fuerte agarrón en su brazo derecho, era el oficial Ramírez.

- ¡Queda detenida doña! Lo he visto todo, he visto con que crueldad ha matado a este pobre muchacho.

- Pero… Es él… Quien ha cortado las flores de mi jardín para regalarlas a desconocidos. – Responde la pobre Carmen alterada.

- Eso no es motivo de asesinarlo, usted se ha vuelto loca. – Dice Ramírez con autoridad.

El oficial lleva a la señora tras las rejas, ella sólo se quejaba de no poder decir unas palabras al hombre antes de morir. A la mañana siguiente, Carmen se despierta y ve una nota al borde de las rejas, el oficial le dice que lea la nota. – “Querido Juan, te hago entrega de estas flores para que hagas feliz a las personas de tu pueblo, sé qué las dueñas del jardín de dónde saco las flores son egoístas, no comparten la felicidad con nadie, por eso, llego a ti, te he espiado y sé que eres temeroso y harías cualquier locura para hacer que tu pueblo, salga de las ruinas que el embargan. Si algo malo te llega a ocurrir, pasa esta carta a otra persona que ocupe tu lugar. – Firma, el ladrón de flores.” Carmen, al leer la nota completa comenzó a llorar lamentándose de lo sucedido, el oficial la miró con lastima, pero no hizo más nada que eso.


Pasado los meses, Carmen se encontraba en el calabozo de su pueblo, pálida
(Imagen extraída de Tumblr)
y débil debido a un enfermedad terminal, pero desde ese día entendió, que la muerte no es algo para deprimirnos, más bien, es para recordar que la vida se puede esfumar en el momento menos esperado, que se debe aprovechar cada segundo que se vive para estar alegres, para sonreír y hacer sonreír a los demás. Ahora Carmen vive sonriente en la prisión, pero no por matar a alguien sino porque está  arrepentida de lo que hizo. Ella tomó el lugar del joven apuesto, sin poder sembrar flores y regalarlas, ella consiguió algo tan hermoso como las flores de su jardín y se lo regala a cada uno de los prisioneros, ella, ahora escribe y regala poesía a cada alma encerrada en su error. 

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