Barinas/01/05/15
Querida Marl:
Escribo estas palabras con un fuerte dolor en mi pecho, es agudo y maltrata
mi respirar en cada suspiro de recuerdo que doy por ti. Es una lástima que no
nos podamos encontrar de nuevo, yo, un joven enamorado y tú, una prostituta
venenosa… Siempre te llame así por el daño que le causabas a mi vida. No quiero
decir que la volvías miserable con tu presencia, al contrarió lo poco que tenía
de felicidad, hacías que brillara como oro. Debo agradecer todo eso, aquellos
momentos en el que estábamos juntos, era tan cálido, una pena que fueran
momentos tan fugaces, pero no me importa mucho, en un doloroso corazón, el
recuerdo se hace eterno.
Nunca supe tu verdadero nombre, pero
una vez leí en unos papeles que se parecía al de una calle en Estados Unidos,
preferí llamarte por tu sobrenombre de trabajo “Marl” para no hacerte molestar.
Me encantaba verte usando esos vestidos unicolores… Era inevitable no pagar por
ti, el vestido azul que lucías con esas pulseras de plata, era estupendo,
besarte era recrear un campo de flores y ser una mariposa, tu vestido blanco,
era muy elegante para el lugar donde trabajabas, tus accesorios de oro falso,
llamaban mucho a los árabes, era difícil encontrarte libre cada vez que lo
usabas, no era fanático de aquel vestido verde, no era tan llamativo como los
anteriores, cuando lucías ese color, raramente llamabas la atención a lesbianas
ebrias… No puedo terminar esta carta sin antes resaltar ese estupendo y
magnifico vestido rojo, tan apasionante, si no más recuerdo la primera vez que
te vi, lo usabas, creo que con ello me enamoraste pero no, fue el sabor amargo
de tus labios, quienes inyectaron alquitrán o algo así, lo único que sé, es que
cuando abrí los ojos después del beso, ya estaba decidido a volver mil veces a
ti, besarte sería la meta de mis día a día.
Con el pasar de los tiempos, después de tanto vernos, espero te hayas
aprendido mi nombre… no soy un fan de tu trabajo, soy adicto a lo que haces con
los hombres, esa manera sensual de besarlos y hacerles prender en una llama
eterna la cual llaman placer, pero yo tristemente le debo llamar vicio. Ya
tengo 20 años, ya puedo ser considerado como uno más de tus hombres, pero en mi
propio mundo, somos sólo tú y yo, donde tu proxeneta no se interponga y no se
crea un presidente respetable, él siempre me pareció un reverendo idiota, mucho
más cuando me dijo que aumentaría el precio de tu compra, yo no soy un
asalariado para poder tener tu cuerpo, frágil en mis manos, ya los pobres como
yo, no podemos tener el privilegio de amargar nuestros labios… pero bueno, no
puedo hacer nada, más que añorarte, tú naciste para eso, yo, tal vez nací para
anhelar las cosas importantes que llegan a mi vida. Espero que sean buenos
hombres quienes te posean y te usen egoístamente.
Cada vez, que bese a otra prostituta trataré de recordarte, aunque se me
haga difícil recobrar el sabor de tu labial. Un fuerte abrazo a tu ausencia y
un inmenso suspiro al último beso que me diste, no quisiera despedirme pero
nunca se sabe el día final, espero y arrastres esas horas letales a mí,
nuevamente.
Firma; Tu consolado Dann.
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