miércoles, 27 de mayo de 2015

Castidad.

                                                         
a la memoria de "Viví".
Entre nubes de una borrachera, te logre ver desnuda.
En hermosas praderas del dolor,
estabas ahí;
tu cuerpo siendo el desierto que camine sin perderme,
aquellas arenosas pieles que brillaron en la oscuridad,
tu débil boca, que callo el gemido de las paredes,
aquellos senos que asimilaban mares
fueron los que ahogaron mi lengua.

Tus pieles hechas telas,
rotas al borde de la cama.
¡Pobre de ellas!
Murieron del frío
mientras nuestros cuerpos se convirtieron en lava,
forjaron nuestras almas,
mezclaron nuestras sangres.
Demonios que tientan al pecado,
sólo nosotros, simples humanos
caemos a tal desdicha.
Ahora somos monumentos sobre una cama,
recuerdos sobre un diluvio de dudas,
amargura en los segundos.

Esclavo de tal borrachera,
agonizo en el tiempo,
me revuelco en las heridas
que dejó el placer,
llamo con mi sudor en cada noche;
a tus miembros inútiles,
a tu huesos enlazados,
a la timidez que encierran tus mejillas.
suspiro tras suspiro,
me ahogo en el recuerdo de unas horas.

Entre nubes de una borrachera, te logre ver desnuda,
y anhelo que en alguna vida, pueda escampar  para poder tocarte.

martes, 19 de mayo de 2015

Respuesta.

Escucho voces, más allá del razonamiento,
discuten entre lo correcto y el placer.
Una figura surge del miedo,
ahora duerme dentro de mí
como animal invernando.

Aquellas voces, arden en el fuego eterno del pensamiento
y hacen retorcer el cuerpo en la tranquilidad del silencio.
Debo hallar la manera de callar esas voces.
Las dudas entran y quiebran donde una vez hubo paz,
ahora mi destino me hace cara y  se muere,
mi futuro cojea y sólo mi presente
puede ver el pasado colgar en la sala
con la cuerda tensa, que pronto se romperá.

Escucho una voz muy dentro de mí,
resuena su eco en mis sentimientos,
perdido el miedo en otro lado,
no lo puedo encontrar.
Se muestran las puertas abiertas
que dirigen el camino,
se cierran y se abre
el templo donde los ritos a la sagrada muerte
se pagan con lagrimas que pesan.
Luego de entrar, se aterrorizaran esas voces,
no hallaran lugar en donde abandonen las dudas.

domingo, 17 de mayo de 2015

La flor y el poema.


Érase una hermosa mañana de mayo cuando la señora Carmen, salía muy alegre a hacer el cuidado de su jardín, tarareaba canciones melódicas en los pasillo de su casa, preparándose para ver a lo más querido que poseía, su jardín. Al abrir la puerta de la entrada y dar esos pasos veloces, notó algo distinto, algo horripilante para sus ojos. Todas sus rosas, sus girasoles, sus jazmines, aquellas delicadas flores que atendía como sus hijas, habían sido mutiladas, no se encontraba nada, más que un vago y lisiado jardín. La pobre señora entró en pánico, sus movimientos eran temblorosos, miedosos, al colocar el primer pie dentro de su madrigal muerto, quebranto en llanto, quebró su voz en un horripilante grito, sus lágrimas desbordaban con rapidez al suelo, espantando a los pájaros que comúnmente posaban para enamorarse de cierta belleza que mostraba el lugar, en unos de esos gemidos de la pobre Carmen, logro ver un papel enredado en unas de las plantas, secó sus miserables lágrimas y tomó un poco de aliento para ver aquel papel, no era más que una carta escrita en tinta, aquella decía; - “Hoy tomo algo de este hermoso lugar, para hacer feliz al pueblo y convertirlo en un soberbio poblado”. La señora, anonadada en el misterioso mensaje que mostraba el papel, decide salir y hacer denuncia en la policía.
Carmen, cierra la puerta de su casa y en una mugrienta bata sale hacia la casilla policial más cercana.

- ¡Oficial Ramírez,oficial! – Grita la pobre Carmen con poco aliento. – Quiero hacer una denuncia, alguien ha entrado  a mi jardín y se ha robado mis atractivas flores.

- ¿Qué? ¿Usted también? Ya es el 5to en esta mañana. – Contesta el oficial Ramírez. – Al parecer alguien les está jugando una broma, doña.

- Me dejó una carta en medio de esa masacre.

- Ya tenemos cuatro de esas “cartas” y como dije, alguien les juega una broma, no es de preocuparse, ni porque llamar masacre a eso tan tonto. – Dice Ramírez, con voz burlona.

- Usted no entiende, usted cree que es un juego sólo por no cumplir con su trabajo, usted es uno más de esos flojos – Dijo Carmen alterada por la tranquilidad del oficial.


Al transcurrir el día, un atractivo hombre, caminaba por las calles muy alegre repartiendo flores a quienes se les cruzaban en el camino, colocándolas en las casas deterioradas del pueblo. Una joven peliroja, a quien el hombre le había regalado un girasol, le pregunto:

- Oye ¿Por qué me das esta flor si yo no te la pedí?

- No importa, todos necesitamos flores, ellas nos hacen felices y más hermosos. – Contesto el hombre sin parar de sonreír.

Siguió su camino regalando flores hasta caer la tarde, decidió tomar un vaso de agua en un restaurant, al entrar pudo percibir la alegría de todos aquellos a quienes les había regalado una flor, pero pudo percatar que en una esquina del restaurant, en una mesa malcriada, se encontraba la señora Carmen, quien decidió ir a tomar una taza de té. El hombre se le acerca con un caminar muy danzante y le pregunta:

- ¿Por qué tan triste, mi doña? ¿Por qué tan amargo su mirar?

- Alguien ha matado a mis niñas, las aniquilo sin compasión. – Respondió Carmen con voz melancólica.

- Hoy es un hermoso día, aproveche su vida y envíe al olvido ese recuerdo, no olvide que la alegría no puede morir, ella es inmortal en nuestros corazones. – Dijo el hombre con su enorme sonrisa y regalándole la última flor que tenía. Carmen, vio la flor y enseguida cayo en llanto, salió del lugar lo más rápido que su 
cuerpo podía, el hombre sorprendido de esta reacción, colocó cara de asombrado.

Al caer la noche, Carmen, tendida en su cama mientras escuchaba el silencio de su habitación, pensaba en su querido jardín, en el estupefacto robo que le habían hecho, pero en eso, entró un recuerdo muy doloroso en su cabeza, fue el del restaurant, el joven que le regaló la flor y parafraseo sus palabras -  “No olvide que la alegría no puede morir…” En seguida Carmen notó, que este apuesto hombre que le había regalado una flor y dicho tan maravillosa frase sobre la alegría, podía ser el mismo ladrón que mutiló su jardín. La señora apretó su puño con tanto odio, luego lo lanzó sobre su cama para descargarlo, incrédula por lo acontecido, decidió poner sus arrugados dedos sobre el asunto, tomó un cuchillo de su cocina y salió al pequeño pueblo a ver si encontraba a este hombrecillo.

En efecto, al dar unas cuantas vueltas por el pueblo, logró ver al hombre regalando flores, esperó a que el hombre se ubicara en un lugar solitario. Con sigilo, en acecho, como animal preparado para cazar a su presa, se encontraba Carmen con el cuchillo en su espalda, el hombre se paró a lado de un postal, en una calle oscura, Carmen entro con su afilado instrumento y comenzó a apuñalar al hombre, sin piedad ni misericordia, la señora descarga toda su depresión en cada puñalada que le daba al hombre, al agotarse, se detiene y ve al hombre arrastrarse pidiendo auxilio, desangrándose y sin posibilidad de vida, el hombre saca una nota de su bolsillo y se la entrega a Carmen, ella enojada no hace más que verlo con una sonrisa vengativa pintada en su rostro. Cuando Carmen se agacha para decirle unas palabras al hombre, siente un fuerte agarrón en su brazo derecho, era el oficial Ramírez.

- ¡Queda detenida doña! Lo he visto todo, he visto con que crueldad ha matado a este pobre muchacho.

- Pero… Es él… Quien ha cortado las flores de mi jardín para regalarlas a desconocidos. – Responde la pobre Carmen alterada.

- Eso no es motivo de asesinarlo, usted se ha vuelto loca. – Dice Ramírez con autoridad.

El oficial lleva a la señora tras las rejas, ella sólo se quejaba de no poder decir unas palabras al hombre antes de morir. A la mañana siguiente, Carmen se despierta y ve una nota al borde de las rejas, el oficial le dice que lea la nota. – “Querido Juan, te hago entrega de estas flores para que hagas feliz a las personas de tu pueblo, sé qué las dueñas del jardín de dónde saco las flores son egoístas, no comparten la felicidad con nadie, por eso, llego a ti, te he espiado y sé que eres temeroso y harías cualquier locura para hacer que tu pueblo, salga de las ruinas que el embargan. Si algo malo te llega a ocurrir, pasa esta carta a otra persona que ocupe tu lugar. – Firma, el ladrón de flores.” Carmen, al leer la nota completa comenzó a llorar lamentándose de lo sucedido, el oficial la miró con lastima, pero no hizo más nada que eso.


Pasado los meses, Carmen se encontraba en el calabozo de su pueblo, pálida
(Imagen extraída de Tumblr)
y débil debido a un enfermedad terminal, pero desde ese día entendió, que la muerte no es algo para deprimirnos, más bien, es para recordar que la vida se puede esfumar en el momento menos esperado, que se debe aprovechar cada segundo que se vive para estar alegres, para sonreír y hacer sonreír a los demás. Ahora Carmen vive sonriente en la prisión, pero no por matar a alguien sino porque está  arrepentida de lo que hizo. Ella tomó el lugar del joven apuesto, sin poder sembrar flores y regalarlas, ella consiguió algo tan hermoso como las flores de su jardín y se lo regala a cada uno de los prisioneros, ella, ahora escribe y regala poesía a cada alma encerrada en su error. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Desorden.

Ver, como las hojas se funden con el viento,
(Imagen sacada de Tumblr.)
ambas sin sentirse,
son llevadas a la lejanía.
Se toman,
el alma traslucida,
con el cuerpo fragil.
Son ahora una,
cuando nunca fueron de nadie.
El moribundo recoge
su conciencia atrapada
entre llamas de papel,
goteros de tinta.

Insomnio que toca  la puerta,
esperar del café que toman los muertos,
desapareces entre días de sosiego.
He de buscarte en las colonias de sombras,
allá dónde no existe el día o la noche,
no se duerme.
El atesorado con su locura, busca
la gloría en plegarías escritas
sobre costales.
¡Llamarlo problema!
A lo que se asemeja a un vicio,
recintenme la cura...
... Del descanso inmortal,
dentro de tierra y plagas,
nuevo polvo de aquella epifanía
y susurrenme con el corazón,
lo que carcome este trasnocho

jueves, 7 de mayo de 2015

Eternidad.

Son las nubes metalizadas,
quienes se oxidan con la humedad
del calor.
Es la resaca del viento,
quien mueve las hojas del árbol seco.
La llanta, que gira
retornando al inicio.
Los faros, que olvidaron apagarse.
Aquellas flores que crecieron
en castillos de prostitutas.
El hombre le espera...
Mientras ve marchitar el sol
en gigantes nubes de piedra.
El día, despierta al caer
la noche herida.

Y de ser yo, quien amanezca
como un náufrago
derramando un extraño
liquido de melancolía,
sobre aquellos sueños
agrios y eternidades rebeldes.
Podre jugar con el miedo y la soga.


                                                               (Foto del segundo disco de Joy Division "Closer")

lunes, 4 de mayo de 2015

Sentimientos muertos.

Sin rumbo alguno,
mi caminar revela el miedo,
escondo toda posibilidad de fallar
en parpados débiles.
Derecha o izquierda,
bien o mal,
el camino tomado siempre es de cambiar.

Escucho esas voces naufragas
que llaman del otro lado
un peso sobre mi cuerpo no me deja ir
¿Qué debo hacer con las atrocidades
que una vez pude ver?
-Esconderlas en un cuarto-
Donde todo vuelve a iniciar.

No hay dirección a donde alejarme.
El sentido cobra fuerzas,
sutilmente camina por mis venas
como bestia de caza,
y el peligro atrozmente rompe mi boca
con gritos feroces,
muestro sangre en mis dientes,
causo pánico en ella.

Ahora estoy a la deriva
de toda monstruosidad
y confundo lo que me rodea
como lo es...
Vivir por misericordia.
                                                                                                                                                 (Pintura de Angel Olmos)

viernes, 1 de mayo de 2015

Besos a una prostitutas.

Barinas/01/05/15
Querida Marl:
Escribo estas palabras con un fuerte dolor en mi pecho, es agudo y maltrata mi respirar en cada suspiro de recuerdo que doy por ti. Es una lástima que no nos podamos encontrar de nuevo, yo, un joven enamorado y tú, una prostituta venenosa… Siempre te llame así por el daño que le causabas a mi vida. No quiero decir que la volvías miserable con tu presencia, al contrarió lo poco que tenía de felicidad, hacías que brillara como oro. Debo agradecer todo eso, aquellos momentos en el que estábamos juntos, era tan cálido, una pena que fueran momentos tan fugaces, pero no me importa mucho, en un doloroso corazón, el recuerdo se hace eterno.
 Nunca supe tu verdadero nombre, pero una vez leí en unos papeles que se parecía al de una calle en Estados Unidos, preferí llamarte por tu sobrenombre de trabajo “Marl” para no hacerte molestar. Me encantaba verte usando esos vestidos unicolores… Era inevitable no pagar por ti, el vestido azul que lucías con esas pulseras de plata, era estupendo, besarte era recrear un campo de flores y ser una mariposa, tu vestido blanco, era muy elegante para el lugar donde trabajabas, tus accesorios de oro falso, llamaban mucho a los árabes, era difícil encontrarte libre cada vez que lo usabas, no era fanático de aquel vestido verde, no era tan llamativo como los anteriores, cuando lucías ese color, raramente llamabas la atención a lesbianas ebrias… No puedo terminar esta carta sin antes resaltar ese estupendo y magnifico vestido rojo, tan apasionante, si no más recuerdo la primera vez que te vi, lo usabas, creo que con ello me enamoraste pero no, fue el sabor amargo de tus labios, quienes inyectaron alquitrán o algo así, lo único que sé, es que cuando abrí los ojos después del beso, ya estaba decidido a volver mil veces a ti, besarte sería la meta de mis día a día.
Con el pasar de los tiempos, después de tanto vernos, espero te hayas aprendido mi nombre… no soy un fan de tu trabajo, soy adicto a lo que haces con los hombres, esa manera sensual de besarlos y hacerles prender en una llama eterna la cual llaman placer, pero yo tristemente le debo llamar vicio. Ya tengo 20 años, ya puedo ser considerado como uno más de tus hombres, pero en mi propio mundo, somos sólo tú y yo, donde tu proxeneta no se interponga y no se crea un presidente respetable, él siempre me pareció un reverendo idiota, mucho más cuando me dijo que aumentaría el precio de tu compra, yo no soy un asalariado para poder tener tu cuerpo, frágil en mis manos, ya los pobres como yo, no podemos tener el privilegio de amargar nuestros labios… pero bueno, no puedo hacer nada, más que añorarte, tú naciste para eso, yo, tal vez nací para anhelar las cosas importantes que llegan a mi vida. Espero que sean buenos hombres quienes te posean y te usen egoístamente.
Cada vez, que bese a otra prostituta trataré de recordarte, aunque se me haga difícil recobrar el sabor de tu labial. Un fuerte abrazo a tu ausencia y un inmenso suspiro al último beso que me diste, no quisiera despedirme pero nunca se sabe el día final, espero y arrastres esas horas letales a mí, nuevamente.

Firma; Tu consolado Dann.