A veces me siento enfermo,
descompuesto.
En un sumiso estado
de putrefacción.
Viveza entres sombras y luces.
Vuela el dolor como una mariposa
con alas rotas.
Cuerdo de la cabeza al infierno,
cuento los pasos que doy.
Cada huella es borrada
por mi sombra...
que por cierto,
es arrastrada.
Todas las noches preparo
mi urna
como si fuese una habitación,
y un espíritu me visita
en las mañanas,
esperando...
Mi cuerpo aún soporta
esa enfermedad,
a la que le llaman vida,
y la que nadie se esmera en buscar su cura.
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