martes, 20 de octubre de 2015

Marchan y marchan.

Marchan y marchan,
desgastando sus pies.

Salen de sus cuevas
los ermitaños y gritan
a las desoladas montañas.

Marchan y marchan,
hasta desangrar su cuello.

El sudor y la fiebre.
Una tempestad de voces
corean para espantar 
la pobreza hecha sombra.

Marchan y marchan.
Fatigados ante el emperador de los cielos,
no se rinden,
arrastran de su honor más pesado.

Marchan y marchan,
sobre asfalto,
cuerpos de madera
que un día fueron paja.

Toca los rascacielos 
la ignorancia
y cae tan pesada 
como una pluma.

Abre sus alas el águila,
vuela sobre los caminos
borrando las huellas 
y así perderse 
en las andanzas.

Marcha y marcho,
con miedo en forma de estaca,
clavado en mi pecho.
Desborda la sangre sobre mi cuerpo,
un liquido transparente 
pero con un olor fresco.
Es el renacer del sol y la luna.
La ciudad grita en silencio,
mientras la revuelta se hace mayor.
Corean mis temores
con la voz de un guerrero 
al mañana de mis hijos
y el ayer de mis padres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario