viernes, 9 de octubre de 2015

La castidad huyó de casa.

Los hombres promiscuos,
deberán ser castigados
y aunque nadie se atreva,
esconderse bajo el velo de novio
no significa castración.

Las mujeres de faldas,
deben ser condenadas.
Un anillo no ata el cuerpo al hogar.
Alguien deberá servir la mesa
dónde todas las infidelidades se ocultan.

El celibato llora a pie de la montaña,
mientras el sol se esconde en ellas
por vergüenza.
Se escabullen las sombras
sobre la ciudad
y la luna mira desde un hotel.

El pudor golpea sus estómagos
y sus cabezas serán hojas de otoño,
que la fragilidad del viento
llevara al placer.
Un placer asqueroso,
dónde prostitutas se han hartado de trabajar.

Los hombres solteros
y de libertad opaca,
son castigados al desamor
de aquellas mujeres impuras
que la sociedad olvido señalar.


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