He encerrado a la bestia lujuriosa
en una jaula de cristal.
Frágil y pulcra,
guarda con seguridad
a dicha bestia.
Pienso desterrarla
de su habitad
pero su voz, chillona ante la noche
me despierta del sueño,
atrayendo miedos en forma de polillas
y ellas vuelan, alrededor de mi pecho
y mi cabeza.
La jaula, frágil y pulcra,
encierra a la bestia
quien ha mezclado mis pecados
para hacerlo uno solo.
hacerlo necesidad,
hacerlo vida en mi muerte
y la muerte en mi vida.
He visto prostitutas tocando el arpa
tan celestialmente
que pensaría que ellas no mirarían dicha bestia.
Yo estoy maldito
al cargar sobre mí
una quimera creada de mis tentaciones más fuertes
y no poseer el alimento
que contenga su sed.
He pensado en desterrarme,
irme al olvido de los olvidados,
pero debo llevar conmigo
a este animal monstruoso.
Nadie le va a querer,
le miraran con el mismo asco que le veo,
lo despreciaran como yo lo hago.
Nadie calmara
la encarnada sed de placer
que contienen su ojos.
Pienso irme al destierro,
al lugar dónde los hombres mueren masacrados
por fulanas bestias,
pero ven el cielo resplandecer sin un sol,
escuchan de ángeles tocar armónicamente
y tocan su corazón,
para sentir el palpitar de un río
e inhalar vientos de verano.
Llora lagrimas de cristal,
pulcras y frágiles,
mi pobre bestia,
ha llegado la hora de que nuestros caminos
se separen,
al igual que nosotros.
Tú desciende al infierno que te ha creado
y yo,
al infierno que me ha esperado
con tantas ansias.
Se rompe mi jaula de cristal,
afilada y moribunda,
corta el deseo hasta hacerlo sangrar oro
y crear mares de riquezas
con el cual pagare
un concierto de prostitutas haciendo sonar el arpa.
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