miércoles, 29 de julio de 2015

Fuera de las comodidades.

He estado con ganas de hacerte el amor,
arremeterte a pasiones,
desvestirte como lo hace la luna,
rugir como un animal
y besarte, de la misma forma que se besa a una diosa.
Rasguñar tu espalda,
para sembrar besos sobre ella.
Sudar hasta que crea derretirme.
Susurrar al oído palabras sordas
que sólo el viento pueda oír.
He tenido ganas de ser;
tu invierno,
tu primavera,
tu otoño
y tu verano.
De ser lo que sea.
Ser un hombre salvaje,
y hacerte el amor 
hasta quebrarme y volver un hombre de ciudad.
De mendigar por dinero,
sobre tu pecho y tus piernas.
Rezarle a un dios,
para que me lleve a tu paraíso.
de ser poeta y recitarte en gemidos:
«Toco tu boca,
 con un dedo todo el borde de tu boca,
 voy dibujándola como si saliera de mi mano,
 como si por primera vez tu boca se entreabriera,
 y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar...»*
Tengo tantas ganas,
que ellas vuelan por encima de mi cabeza 
y se vuelven deseos,
anhelos,
se vuelve lujuria.

(Foto extraída de Tumblr.)
Tengo la excusa más imperfecta,
para que salgamos de nuestras casa
y arrojemos las comodidades sobre nuestros lienzos 
de piel llorona
y nos quedemos a vivir ahí.
Tengo las esperanzas de que los autos
dibujen tu rostro en los semáforos,
y sus luces,
sus brillantes luces imiten la carcajada inocente 
que exilie el silencio.

Tengo las películas de nuestras vidas,
cada guión,
cada escena 
y cada minuto contado para que nos vemos.
También los libros escritos en cada añoranza,
un poemario y una novela,
un verso y un capitulo 
son para ti.

Tantas cosas que te tengo guardadas 
y la que acudo con más frecuencia, 
es la desdicha de que nunca estés en casa.      




*Frase del poema de Julio Cortazar «Toco tu boca - Capitulo 7»

martes, 21 de julio de 2015

Corazón de ladrillos.

Dibujado en la pared,
sostiene el polvo que la sociedad arrastra.
Es un muro, que divide
mi naturaleza con la ciudad.
Las personas sólo le ven, pintado,
como animal de jaula,
no le escuchan latir.
Él cubre lo que antes fue un paisaje,
donde se reflejaron, mariposas de cartón
y gorriones de paja.

Mi corazón, palpita en cada ladrillo,
pero es opacado por los rascacielos.
Está débil, polvoriento y sin pulcro,
espero de alguien, que guarde en su pecho
un martillo,
luego así, derrumbarme.

sábado, 18 de julio de 2015

Monstruo.

Cargo un monstruo en el pecho,
como animal de zoológico
solo ve el exterior a través de mis costillas.
Él toma licor y fuma cigarrillos,
es feliz cuando lo hace,
se altera y me ataca,
tuerce mi sonrisa hasta hacerla mueca,
rasguña mis ojos y les hace llorar.

Cuando me acuesto, le acaricio
como si fuera mi mascota,
le acaricio hasta quedarme dormido.
Al despertar, él amanece triste
y me dice querer morir,
pero no quiere dejarme solo,
le abrazo y le vuelvo a encerrar en mi pecho,
así, hasta que uno de los dos muera primero.

miércoles, 15 de julio de 2015

¡Poeta!

«...un samurai no pelea contra otro samurai,
pelea contra un monstruo, generalmente sabe,
a demás que va a ser derrotado.
Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado
y salir a pelear, eso es la literatura»
Roberto Bolaños - Poemas/Ficción.


I

Escribo,
describo... cosas sobre mí
que desconozco.
Las calles grisáceas que no ceden espacio a las flores,
visito las tumbas de héroes caídos
y villanos menospreciados,
sobre colores insípidos
y sabores sin color.
Escribo versos,
tras versos,
tras versos...
sin un sentido común
o un mínimo sentimiento.
Olvide querer,
olvide extrañar,
aprendí a olvidar
y también a aborrecer.
No soy el vagabundo,
ni el borrego,
mucho menos el nómada
que el destino lleva sin rumbo.
Comencé a vivir, sin un final,
a medio camino, no existe un final,
me alimento de; Ilusiones abstractas,
ficciones 
y sueños desgarrados,
para poder mantener mi cerebro lleno.
Me sujeto a las posibilidades mínimas
o inexistentes
de poseer un "golpe" de suerte
que pueda quebrar mi chueca dentadura.
No estoy maldito,
por estar rodeado de tantos malditos,
tampoco bendecido
por aquella mano castigadora de Dios.

II
Mis ojos fueron desterrados
por cuervos con plumas de cuarzo,
mi sonrisa, se fue al exilio 
esperando volver con más peso
el día que dictadores duerman en ataúdes,
el día que la rotunda sea un museo de arte,
donde presos dejaron parte de su alma,
más no de su libertad.
Deje caer mi niño,
la cría, el bebé, que es padre de la infancia
y madre de la inocencia.
Se me cayó de las manos,
al sentir la patria herida
guiando una fila inmensa 
de cuerpos grotesco 
con olor a mierda,
miradas corrompidas.
Sus llantos se hicieron canciones,
con las brisas que soplan la peste 
en nuestra nación.

III

Moldeé mi cuerpo suave,
mi mente vacía...
no soy el mismo,
perdí mi edad
con el caminar sonámbulo
de los años,
me floreció una barba de querubines,
se me marchitaron las ojeras,
me he vuelto un viejo detestable
mas no un sabio.
¡Me duele la espalda!
Por cargar urnas
¡Me truenan los huesos!
por los gritos sollozantes de mi cama
¡Me duele el corazón!
por hacerlo comer rocas.
Estoy tan cerca de descifrar
el misterio que guarda la muerte,
renaceré
y volveré a morir,
será así, hasta que se canse de mí
la huesuda que viste con trapos viejos.

III

El humo del cigarrillo 
se espanta,
va como las luces de los autos,
recorre la ciudad
y se convierte en veneno.
alumbran de lejos las farolas 
el camino a casa,
marcan con crayolas rotas
la dirección errónea,
pero soy ciego,
soy el sosiego que ofrecen los paisajes  
escondidos detrás de rascacielos,
repletas de sombras retorcidas,
amarradas a una mesa 
y maltratadas por expedientes y archivos.

IV

Tan cruel que es el mundo,
y a su vez un hermoso lugar para desatar guerras.
Tan injusta que es la vida,
y a su vez, anhelada por Dioses.
Tan bárbaro que es el poeta,
y a su vez un malnacido por 
escribir y describir las cosas que no saben de él.
Solo podría aprender de eso,
una cosa, solo una cosa...
Y es que todos, completamente todos
somos más que un verso.    

lunes, 6 de julio de 2015

Confesionario.

Confieso que he pecado,
he sido un ser humillante,
una persona enfrascada en derrotas
                                                     y dolores.
He perdido el gusto de vivir,
de escuchar el soplido del viento
solo verlo arrastrar las palabras que mis amigos dicen,
ya no acaricio la cuna de la niñez marchita,
del griterío salvaje en la ciudadela de basura.

Me he entregado a la muerte,
unas cuantas veces pero ella
no aparece como lo hizo con mi padre.

Confieso que he amado,
he carbonizado el corazón en un amor
qué ya no vive más,
he visto mujeres danzar frente a mí
y solo puedo sentir morbo.
He amado con dos corazones,
uno de hierro para creer que tengo uno
y otro de cristal, para entregárselo
a la mujer que viste de velo
en la penumbra de una alta iglesia fluorescente.

Confieso que he llorado,
por el aturdidor ladrido de la noche,
la melancólica coral de grillos posando en mi ventana
y el temible abrazo de la desconfianza
Susurran a mis oídos, las ideas
ya quebradas en el anhelo de su libertad.

Confieso que he reído,
de ver al miserable comer su sudor,
del hombre con el lomo roto, buscando reparó
de otros corazones hechos trizas que se derriten en llanto.
He reído de la ebriedad de mis movimientos,
de los cuadros que decoran el presente con un pasado amargo.
He reído de inválidos deseando tocar el cielo,
cuando apenas ellos no tocan su realidad,
he reído de mi más afortunado sueño de ser un adonis
repleto de prostitutas maltratadas.
Tanto que he reído ya me duelen los dientes,
por eso termino llorando en el regazo de mi madre.

Confieso que he escuchado secretos,
sobre lujuriosos pensamientos,
he escuchado los pesares de almas vagas,
he escuchado lo que le dice la lluvia al suelo, antes de caer,
créame, no es nada hermoso oírla caer.
 He saboreado lagrimas vírgenes
servida en mis manos.

Confieso que he pecado,
derrumbando mi camino para así llevarlo
al vertedero de la felicidad.
Tal vez mi pecado no sea ese,
sino el que he vivido poco
en un mundo repleto por lunas y soles,
rosas y tijeras,
humanos y animales,
políticos y  pueblos sumisos,
poetas y científicos,
millonarios y vagabundos,
hombres de vidas alegres y mujeres,
de errores y desafortunados,
de vodka y cigarrillos,
de libros y computadoras.
Confieso que he vivido poco,
por querer ser otra persona.

miércoles, 1 de julio de 2015

Tu reloj.

Vamos a darnos un tiempo,
porque mis brazos sostienen la distancia
o el vacío que nos ahuyenta de querer.
Los últimos sabores que me quedaron de tu piel
ya se pierden en un morboso recuerdo,
atravieso los días, las noches y las borracheras,
 pero no me dejan llegar a ti.

El despertador dejó de sonar
cuando comencé a olvidar tu carcajada.
Me ves tan lejos,
tan distante,
ausente en nuestro espacio
por eso te pido, que nos regalemos un tiempo
ya que el reloj que sueles usar, se detuvo.