sábado, 14 de marzo de 2015

Nada o nadie que perder.

Soy un alma moribunda,
en busca del calor 
que calme mi helada piel.
Nadie podrá quemarme,
nadie usara mis huesos como leña,
sólo busco alguien que pueda encender algo en mí.

Soy un cuerpo desamparado,
no poseo nada de valor,
algo con que enriquecer mi vida,
un talento
o alguna moneda.
Tan cerca del dolor
y la vez
tan lejos del cariño.

Mis brazos son espadas,
cortan todo lo que rodean.
Acarició mi desolado corazón,
cada vez que hurgo en aquellos momentos de calma,
pero no hay nada que encontrar.

Soy una vida lastimada,
sin heridas
o sangre que derramar.
Nunca supe usar un mapa
porque tal vez
 no tuve un lugar a donde ir
o donde perderme.

Busco refugio,
una cama donde dormir todo el día
en espera que la muerte 
hale mis pies, 
y pueda llevarme a algún lugar.
Mi amor es una roca,
esos recuerdos amorosos
sólo fueron fugaces brillos,
ahora son polvo en mis zapatos.

Soy un pobre ladronzuelo
que fracaso muchas veces,
nunca tuve habilidad
para robar una mirada.
Ojala pudieran mirarme,
aunque sea una vez...
pero nadie lo hará.

He perdido todo lo que no tenía en mis manos,
distraído y tonto 
fui a parar 
a mitad de la noche,
ellas me consumen más de lo que yo lo hago.

Soy un pasajero dormido,
sin boleto,
sin rumbo,
sin ningún destino,
montado en la locomotora más gris,
los carriles viejos me llevan a donde tu estas.




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