Recorriendo las calles que ya fueron corridas,
contando los pasos,
el mismo movimiento de pies y cintura,
el abrigo que todos ven al pasar,
las mismas luces que una vez cegaron,
los mismos aromas callejeros,
todo es igual al ayer y el hoy.
El ladrido del perro que cuida su hueso,
la noche taciturna,
su luna y sus estrellas casi borrachas,
el mismo suspiro helado,
la chispa que enciende el fuego,
el mismo que hace arder la punta del cigarrillo,
ese mismo humo que desaparece con los aullidos del viento,
las llaves equivocadas,
la cerradura con el corazón abierto,
la misma puerta que nunca se cierra,
el mismo lugar,
la misma habitación,
los mismos objetos,
todo en su mismo sitio.
La calma que atraganta el sosiego,
el mueble cerca de la ventana,
la televisión con su mismos programas,
el ruido que hacen los autos de afuera,
los minutos que devora el reloj,
el tic tac hostigantes,
el vaso agua a medio servir,
la misma jarra vacía que llora,
la cama donde despierta el sol y sus nubes,
el mismo desaliento de sueño,
la misma incomodidad,
el aire frío en el cuarto,
la misma ganas de mear,
el ultimo pensamiento del día,
pasa a ser repetitivo noches consecutivas,
la misma y singular manera de decir qué,
vuelvo a acostarme solo, otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario