viernes, 1 de abril de 2016

El murmullo de la obscuridad.

 Era hora de dormir, mi cuerpo pedía insaciablemente estar recostado sobre algo. Tendí la colchoneta y apagué las luces de la casa, me arropé de forma errónea dejando los pies al gélido viento que pasea por la casa de vez en cuando, apagué mi teléfono celular y encendí un cigarrillo como parte de un ritual para poder encontrar el sueño, busqué esas preguntas que cada ser humano se hace antes de morir.    - « ¿Qué será de mi vida?,  ¿qué  haré con éste perezoso cuerpo?, ¿dónde se encontrará la persona ideal para mí?»-     Con el transcurso de las preguntas fui consumiendo el cigarrillo y también, consiguiendo un poco sueño.  Pasado unos minutos, los cuales los sentí como horas, escucho un murmullo arrastrarse cerca de mí, abro los ojos y trato de ver algo, pero no hay más que una inmensa oscuridad en frente, volví a cerrar los ojos pero esta vez colocándome bocabajo apretando mi rostro contra la almohada. Más tarde, se vuelve a escuchar el mismo murmullo, y con algo de preocupación intento  ver más allá de la inmensa oscuridad, pero fue inútil. Hice que no pasaba nada y volví a cerrar los ojos, pero colocando la almohada sobre mi cabeza para así tratar de no escuchar ese murmullo, lo cual fue inútil, éste se volvió a manifestar  y ya me estaba volviendo loco. Me levanté del colchón algo ebrio de somnolencia, me asomé por la ventana que conecta directamente con el patio de la casa y otra vez, esa inmensa oscuridad, al parecer era la noche más negra del calendario, ni una estrella, ni una luna con radiante luz melancólica se encontraba en el cielo, tan sólo el halo de un farol que se encontraba a calles de mi hogar. Intenté buscar el sueño pero fue imposible, permanecía con la duda de qué era ese travieso murmullo que se encargaba de despertarme en una noche tan calmada. Me recosté viendo el techo, cubrí todo mi cuerpo con la cobija excepto mis brazos y el pecho. Esperaba ansiosamente otra vez por la visita de ese maldito murmullo, mientras tanto, me preguntaba que causaba ese ruido  -  « ¿Qué coño es ese sonido que me está volviendo loco?, ¿acaso vivo en un país donde también hay que temerle al sosiego?». -   Aparece otra vez; un balbuceo efímero. Me levanto con ánimos de descubrir qué demonios era lo que me acechaba, tomé mi encendedor y fui al patio de la casa. Presione mi yesquero y con una baja llama podía visualizar algunos objetos, la mano me temblaba  desconsoladamente, mi respiración se agitaba y sin darme cuenta, mi pies no se movían a causa del miedo. Me concentré, me dije a que no era algo a lo que temer, debía ser m un juego de mi mente cansada. Y así fue, todo estaba en su lugar, no había nadie alrededor, exhale con un gusto tranquilizante, me di media vuelta  para volver a la cama. Ya en ella, me reía torpemente de mí mismo - ¿cómo podía tener tanto miedo a la oscuridad? Ella no es más que ausencia de luz, no la cuna de fantasmas o demonios- Intenté reconciliarme con el sueño, así que tomé mi almohada, la amoldé a mi gusto, tomé la cobija y la estiré para adentrarme en ella. Ya completamente cómodo con los ojos a medio cerrar siento como un gélido aire atraviesa la ventana y rasguña cruelmente el vidrío, me eriza la piel y el murmullo vuelve otra vez, abro mis ojos  de forma inquieta y veo a mi alrededor, nada, cuando de repente éste murmullo se manifiesta con voz áspera posándose sobre mi oído y dice:  -  « ¡No temas a la oscuridad, sino a lo que ella esconde!».   
                                                                     



Fin.